Si yo pudiera dejarles algún regalo, dejaría acceso al sentimiento de amar la vida de los seres humanos.
La consciencia de aprender todo lo que fue enseñado por los tiempos que pasaron... Para recordar los errores que fueron cometidos y que no se repetirán jamás.
La capacidad de escoger nuevos rumbos. Les dejaría, si pudiera, el respeto por aquello que es indispensable: Además del pan, el trabajo.
Además del trabajo, la acción. Y, si todo faltara, un secreto: El de buscar en el interior de sí mismo la respuesta y la fuerza para encontrar la salida...
Desde hace unas semanas espero los lunes con impaciencia y el motivo aunque parezca mentira es la televisión, es el día en que pasan una serie que quiero recomendaros.
Últimamente soy una consumidora de series de televisión quizás por el formato que se adapta al tiempo que más o menos dispongo para estar un ratito tranquila por la noche.
En cierto modo me recuerda mi niñez y aquellas radionovelas que ansiosamente esperaban nuestras madres día tras día porque en el fondo no dejan de ser otra cosa que modernos culebrones que se adaptan a nuestros gustos.
La serie en cuestión se titula Boardwalk Empire y está protagonizada por ese secundario de cara extraña llamado Steve Buscemi,ambientada en los años de la ley seca en Atlantic City y como empezaban a florecer los gánster y los políticos corruptos, no os contare nada mas por si decidís seguirla para no destriparla, espero que sea de vuestro agrado.
No era mi propósito escribir hoy, pero los hechos ocurridos durante esta mañana, en mi barrio no podía pasarlo por alto.
De buena mañana, un despliegue policial desmedido se ha desplegado para desalojar un grupo de okupas de la antigua cárcel de Torrero, dónde realizaban desde hace algunos meses diversas actividades culturales abiertas a todos los vecinos.
Durante el desalojo la policía se ha ensañado con los chavales y vecinos solidarios que se acercaban para darles su apoyo.
Si os digo la verdad, he sentido miedo, no por mí, sino por mi hija y su amiga cuando nos dirigíamos al colegio y ante la advertencia de un vecino en que intentase callejear ,ya que la policía estaba repartiendo palos y daba la sensación de estar en un estado policial.
A pesar del tiempo transcurrido, todavía en la calle pueden verse furgones policiales y me pregunto si es necesario semejante operativo para desalojar un puñado de chavales.
Además se entiende que si están ocupando una propiedad privada se desalojen, pero en este caso estaban ocupando una propiedad municipal, o sea de todos nosotros que debería de haber sido utilizada para centro cívico y que estaba en el más total de los abandonos.
Por lo que se ve lo que realmente molesta es que los chavales se busquen las salidas que la sociedad les niega, después los llamamos anti sistema.
Que ironia,la policia sacando a la gente de la cárcel.
La primera vez que leí este poema de Miguel Hernández, en el estupendo blog de Lux Aeterna, me gusto tanto quedada la fecha en la que estamos, me ha parecido una buena idea compartirlo con todos vosotros y tomar conciencia de un pasado, que aún hoy en día, es presente.
Ojala, este seis de enero, no se quedase ninguna abarca desierta.
LAS DESIERTAS ABARCAS
Por el cinco de enero, cada enero ponía mi calzado cabrero a la ventana fría.
Y encontraban los días que derriban las puertas, mis abarcas vacías, mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos, ni trajes, ni palabras: siempre tuve regatos, siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza, me lamió el cuerpo el río y del pie a la cabeza pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería.
Y al andar la alborada removiendo las huertas, mis abarcas sin nada, mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado tuvo pie, tuvo gana para ver el calzado de mi pobre ventana.
Toda gente de trono, toda gente de botas se rió con encono de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta cubrir de sal mi piel, por un mundo de pasta y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero de la majada mía mi calzado cabrero a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas hallaban en sus puertas mis abarcas heladas, mis abarcas desiertas.